TEXTO ÍNTEGRO: Eventos Climáticos están causando la mayor parte de DESPLAZAMIENTOS en Latinoamérica

En 2022, las Américas registraron cerca de 2,6 millones de desplazamientos internos, de los cuales 2,1 millones fueron provocados por desastres naturales, lo que representó un aumento frente a los 1,7 millones reportados el año previo, según cifras del Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno (IDMC, por sus siglas en inglés)

El paso del huracán Beryl por el Caribe en julio y su impacto en países insulares fue una muestra de cómo se intensificaron los fenómenos meteorológicos debido a la crisis climática. Las tormentas modernas como Beryl son capaces de descargar un 30% más de lluvia y ser un 10% más fuertes que las tormentas similares de 1979 a 2001 debido al cambio climático causado por el hombre, indicó un estudio de ClimaMeter.

Este es solo un ejemplo de eventos climáticos cada vez más extremos que azotan a todo el mundo. En América Latina, la degradación ambiental –pérdida de masa glaciar, olas de calor, incendios forestales, sequías y tormentas– causada por el cambio climático incrementa el deterioro de los medios de trabajo de las personas, llevándolas a huir de sus hogares hacia lugares menos afectados.

“Este tipo de acontecimientos están causando la mayor parte de desplazamientos asociados a cuestiones ambientales y climáticas”, explicó a CNN el doctor Daniel Rodríguez Velázquez, profesor de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

  • Se trata de un fenómeno conocido como migración climática, definido por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) como “el movimiento de personas que, predominantemente por razones de cambio súbito o progresivo del medio ambiente debido al cambio climático, se ven obligadas a abandonar su lugar de residencia habitual, o deciden hacerlo, ya sea temporal o permanentemente, dentro de un Estado o a través de una frontera internacional”.
  • Su impacto es tan amplio que, si no se adoptan medidas, para 2050 habría cerca de 17 millones de migrantes por motivos climáticos en América Latina, según las proyecciones del Banco Mundial.
  • Por su ubicación geográfica y topografía, Sudamérica tiene una alta exposición a los efectos negativos del cambio climático y los desastres naturales, según un informe sobre movilidad humana en contexto de cambio climático en América Latina de la OIM. A esto se suma que los países de la región se caracterizan por una economía primaria basada en la extracción de recursos naturales, señala el Congreso Internacional Contribución América Latina a la Sociedad (CICALS).

Rodríguez Velázquez explica que el incremento en la temperatura de los océanos genera huracanes de mayor potencialidad y cuando esto se cruza con otros factores sociales, económicos, la industrialización, el uso de combustibles fósiles o la destrucción de bosques y selvas, da como resultado un mayor impacto en el desplazamiento de personas.

Los datos

En 2022, las Américas registraron cerca de 2,6 millones de desplazamientos internos, de los cuales 2,1 millones fueron provocados por desastres naturales, lo que representó un aumento frente a los 1,7 millones reportados el año previo, según cifras del Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno (IDMC, por sus siglas en inglés)

  • El Informe Mundial sobre Desplazamiento Interno 2023 señala que casi 1,2 millones del total de desplazamientos fueron causados por tormentas y casi la mitad de esa cifra fue por inundaciones. La mayoría de los desplazamientos por tormentas ocurrieron durante la temporada de huracanes en el Atlántico, mientras que las inundaciones fueron durante todo el año y afectaron principalmente a Brasil y Colombia.

Brasil

Es tal vez el país más impactado por los efectos del cambio climático. Entre 2016 y 2023, se registraron 2,7 millones de nuevos desplazamientos por motivos ambientales causados principalmente por inundaciones y tormentas, según datos recopilados por el IDMC.

  • En 2022 se registraron 708.000 desplazamientos internos impulsados principalmente por tormentas, inundaciones, sequía y deslizamientos de tierra y para 2023 la cifra se elevó a 745.000 desplazamientos.

Apenas este año, Río Grande do Sul registró fuertes lluvias e inundaciones que obligaron a unas 581.000 personas a dejar sus hogares y causaron al menos 169 muertos.

Según la OIM, Brasil tiene un índice de “riesgo alto” ante desastres por su alta exposición y susceptibilidad a eventos extremos agudizados por el cambio climático y sus desafíos para la adaptación.

Colombia

Se encuentra entre los 10 con mayor número de desplazados internos a nivel mundial a causa de desastres, y es el segundo de América Latina con más movilidad de personas, según el monitoreo del IDMC.

  • Entre 2016 y 2023, Colombia registró 886.000 nuevos desplazamientos por desastres, de los cuales 351.000 se registraron en 2023, según el IDMC. Fueron causados principalmente por lluvias, inundaciones y deslizamientos de tierra que afectaron mayormente la zona norte del país.

“El mayor número de desplazamientos se dio en los departamentos nororientales de Sucre y Bolívar. Más de la mitad de los registrados en Sucre se produjeron en mayo, cuando la temporada de lluvias suele alcanzar su punto álgido”, según el Informe Global sobre Desplazamiento Interno 2023.

Perú

Entre 2016 y 2023, el IDMC contabilizó 555.000 desplazamientos internos en el país, de los cuales 188.000 se registraron en el último año, impulsados por inundaciones, tormentas y deslizamientos de tierra.

  • El informe “Cambio climático y migración en Perú” de la OIM, señala que “el enorme retroceso de los glaciares peruanos, causado por el calentamiento global, ya influye en la decisión de migrar de las personas”.
  • El país también sufrió un aumento drástico de sequías prolongadas y escasez de agua, con impactos negativos en la agricultura y el crecimiento económico, lo que ha generado migración y conflictos sociales.

Se estima que para 2030, el país registrará un aumento de la temperatura máxima de entre 0,5 y 2,5, un incremento del 30% con respecto a las precipitaciones en la costa y una disminución del 45% en los Andes, advierte un análisis de la OIM.

Otros casos: Cuba, Chile, Bolivia y Ecuador

Cuba registró 3,8 millones de desplazamientos de 2016 a 2023 con tormentas, inundaciones e incendios como las principales causas, según el IDMC. En 2023 se reportaron 42.000 movimientos de personas, mientras que el año anterior fueron 90.000 desplazados internos debido a fuertes tormentas, inundaciones e incendios.

  • En los Andes, factores como el retroceso de los glaciares y la escasez de agua se han convertido en impulsores de la migración, según el informe sobre movilidad humana en el contexto del cambio climático.
  • En el caso de Chile se han identificado migraciones internas asociadas al cambio climático en Monte Patria, en el municipio de Coquimbo, por condiciones semiáridas que se han intensificado a causa de cambios en los regímenes de lluvia y temperaturas extremas.

Bolivia no está exenta de esta problemática. La sequía del Lago Poopó ha llevado a las personas a salir de sus hogares debido a la precariedad económica y la escasez de alimentos.

En Ecuador, comunidades asentadas en las laderas del volcán Chimborazo comienzan a trasladarse a causa del deshielo y otros impactos en los cultivos, animales y casas.

Acciones necesarias

Rodríguez Velázquez, quien también es colaborador del Programa de Investigación en Cambio Climático (Pincc), de la UNAM, señala que hay un estancamiento de la gobernanza climática internacional.

“En las discusiones internacionales los países no se han fijado un acuerdo a seguir, actúan conforme a ocurrencias y esperando que se respete la reducción de emisiones y esperar a que se diseñen políticas públicas para reducir la desigualdad y mejorar las condiciones de seguridad en el campo, pero no hay un plan especifico ni acciones contundentes”, afirmó.

  • En esto coincide la OIM, que señala la importancia de actuar urgentemente e involucrar a toda la sociedad y pasar de las negociaciones a la implementación.

“Es necesario aumentar la ambición y actuar en todos los niveles para hacer frente al cambio climático. Están sucediendo muchos cambios en todo el mundo, y las inversiones en energías renovables se han disparado. Aún así, queda mucho por hacer. Para limitar el aumento global de la temperatura muy por debajo de los 2°C, o incluso de 1,5°C, el mundo debe transformar sus sistemas energéticos, industriales, de transporte, alimentarios, agrícolas y forestales”, señala la OIM en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

América Latina tiene más de 1,1 millones de desplazados climáticos

La Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) puso a prueba a 33 países de América Latina y el Caribe. Un grupo de investigadores analizó minuciosamente país a país lo que está haciendo la región para mitigar el cambio climático y facilitar el acceso a la justicia climática y los resultados no son tan ambiciosos como exige la situación crítica.

  • El promedio de este desempeño es del 54,86 (sobre 100), según el Índice de Impunidad Ambiental 2023, presentado este miércoles en el Senado mexicano. La región invierte solo un 0,18% del PIB en conservar el medio ambiente a pesar de que el calentamiento la azota desproporcionadamente.

“Esta falta de financiación refleja en realidad la falta de voluntad política”, lamenta Azucena Cháidez Montenegro, directora de SIMO Consulting y coautora del índice. “Aunque exista un consenso sobre la necesidad de actuar, a la respuesta institucional le faltan dientes, les faltan recursos”.

Este informe estima que la migración climática es la consecuencia más acuciante de la falta de voluntad política para tomar acciones por el clima. Según los datos recopilados por el informe de un censo elaborado en 2021, en la región al menos 1,18 millones de personas han sido desplazadas internamente debido a factores climáticos. Brasil está a la cabeza de esta lista: en el país migraron internamente casi medio millón de personas a causa de desastres relacionados con el clima.

  • En Haití, la cifra ronda los 220.000, mientras que en Cuba son 194.000 y en Uruguay, 160.000. Para Celeste Cedillo, profesora investigadora UDLAP y coautora del índice, estas cifras “asustan mucho” y advierte que son “datos que cada vez crecen más”.
  • La capacidad institucional es uno de los parámetros estudiados más dispares entre países, según el índice. Bolivia (58,8), México (56,6) y Brasil (54,97) obtienen el mejor desempeño, mientras que Haití (14,71), San Vicente (13,27) y Trinidad y Tobago (8,41) califican en los peores en esta categoría, con diferencias de hasta 50 puntos.

En la investigación, explica Cháidez, se trabajó arduamente para darle forma a baremos que pudieran comparar países como Brasil y Barbados, con densidad poblacional, presupuestos y características políticas muy diferentes. El objetivo del índice es poner a todos los países frente a un espejo y trazar una hoja de ruta para la optimización de políticas públicas y justicia ambiental.

Así, las enormes brechas entre unas y otras naciones alertan de los altos niveles de vulnerabilidad y desigualdad a los que están sujetos los países de la región con poco músculo estatal en materia medioambiental. “América Latina es una región increíblemente desigual hacia su interior y esto tiene un impacto directo en los efectos sociales de la crisis ambiental”, se lee en el informe.

El fallo de México: buenas políticas, malos resultados

Si bien los países más extensos tienen una mejor capacidad institucional, obtienen una bajísima calificación cuando se trata de degradación y crímenes ambientales. Dominica (71,54), Panamá (70,92) y San Vicente (70,21) se encuentran en las mejores posiciones, mientras que Brasil (53,95), Barbados (52,9) y México (45,35) ocupan los últimos lugares.

Este resultado advierte que los países con mayores recursos no necesariamente pueden hacerlos funcionar con efectividad ni garantizar plenamente el derecho a un ambiente sano de sus ciudadanos. Para Celeste Cedillo, el ejemplo más paradigmático de ello es México: “Tiene buenas políticas federales pero no logra aterrizarlas a nivel subnacional. Es decir, no se ven los resultados a nivel local. Es un fallo muy evidente”.

  • Otro de los problemas que enfrenta México son los conflictos ambientales, que engloban desde los asesinatos de ecologistas, hasta disputas territoriales vinculadas al extractivismo. México, junto a Brasil y Colombia son los países con más pleitos ambientales en la región.
  • Estos tres países representan el 49,8%, siendo México el país con más conflictos en la región con el 19,8%. América Latina tiene el deshonroso título de ser la región más mortífera para los activistas y acumula nueve de cada diez de estas muertes violentas que, desde 2012, suman 1.910 personas.

La falta de blindaje jurídico también es un punto flaco de la región. El 63,6% de los países estudiados no reconoce el derecho al medio ambiente sano en su Constitución de manera explícita y solo el 9% de los países cuenta con tribunales especializados en materia ambiental.

Para ambas, todas estas carencias componen el término de impunidad ambiental. “No se trata solo de crímenes que no se han resuelto. Es que no exista ley o no se logre aplicar; es la imposibilidad del Estado de generar legislación, políticas o recursos”, dice Cháidez por teléfono.

  • Así, tras analizar más de 50 variables, el índice dividió a los 33 países según su puntuación en tres grandes grupos. Los de impunidad media baja, rondan las mejores puntuaciones (de 64,76 a 59,42) y son: Chile, Ecuador, Costa Rica, Colombia, Argentina, República Dominicana, Uruguay, Bolivia, Perú, Nicaragua y Panamá.
  • Le siguen Venezuela, México, Dominica, El Salvador, Brasil, Cuba, Guyana, Saint Kitts y Nevis, Guatemala, Bahamas y Barbados, quienes aprueban sin mucha holgura. Y, por último, los de peor calificación: Honduras, Santa Lucía, Jamaica, Antigua y Barbuda, Belice, Paraguay, Granada, Haití, San Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago y Surinam.

Cháidez lamenta el peor desempeño de los países más pequeños o con menores niveles de ingresos, ya que son los que enfrentan mayores niveles de riesgo y vulnerabilidad ante el cambio climático a pesar de que se caracterizan por una mínima contribución a la emisión de gases de invernadero hacia la atmósfera. Es por ello que las expertas instan a una mayor asistencia técnica a estos países para desarrollar estadísticas y poder formular políticas públicas, procesos de cambio institucional y sistemas de gestión de riesgo, prevención y adaptación basados en la evidencia.

Pero si hay algo sobre lo que quieren incidir es en la falta de datos. Y, en el mejor de los casos, la falta de información comparable de un país a otro. Este es, para ambas, el mayor talón de Aquiles de Latinoamérica. Ambas señalaron que tuvieron que recurrir a información de organizaciones de la sociedad civil que recaban datos “como respuesta al vacío institucional”: “No reportar la información es mantener viva la impunidad”, zanja Cháidez. “Esto solo trae oscuridad a procesos que tienen que evaluarse y monitorearse. Y nos dimos cuenta de que los Estados no se están tomando en serio la tarea de documentar lo que hacen”.

Cambio climático y migraciones determinarán salud latinoamericana

Si bien en América Latina y el Caribe las expectativas de vida de la población van en aumento, paralelamente siguen coexistiendo enfermedades transmisibles con enfermedades crónicas no transmisibles −registrándose un incremento de éstas, especialmente cardiovasculares y cáncer−, además de un resurgimiento de enfermedades infecciosas ya erradicadas.

Todo esto, aunado a las grandes desigualdades que caracterizan a la región y los crecientes flujos migratorios, ejercerán un efecto adverso adicional sobre la salud y a futuro supondrán una carga aún mayor para los sistemas sanitarios latinoamericanos, muy vulnerables debido a su falta de infraestructura e insuficiente financiamiento.

Así lo advierte el estudio ‘Predicciones de salud en América Latina’, publicado recientemente en el Journal of Insurance Medicine.

  • El análisis señala la gran heterogeneidad en la esperanza de vida entre los diferentes países y ciudades de la región, que varía entre 74 y 83 años en las mujeres y entre 63 y 77 años en los hombres.

A ello se suma la gran variabilidad en los perfiles de mortalidad entre y al interior de los diferentes países y entre zonas urbanas y rurales de un mismo país.

“Si bien (en América Latina y el Caribe) las enfermedades crónicas no transmisibles ocupan los primeros lugares como causa de muerte, como ocurre en los países desarrollados, la proporción de muertes por cada una de las causas varía sustancialmente” se lee en el estudio.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), anualmente fallecen en la región 2,2 millones de personas entre los 30 y 69 años debido a alguna enfermedad crónica no transmisible.

  • Otro estudio estima que las enfermedades cardiovasculares, la mayoría de los cánceres, diabetes y enfermedades respiratorias crónicas, representarán aproximadamente el 81 por ciento de las muertes en América Latina y el Caribe para 2030.
  • La investigación de Insurance Medicine coincide en que todos los países de América Latina y el Caribe atraviesan un aumento progresivo de la esperanza de vida, una reducción de la mortalidad infecciosa y un claro predominio de las enfermedades crónicas no transmisibles.

Sin embargo, los autores señalan que “no es posible ignorar las divergencias regionales y las particularidades específicas sin precedentes que experimentan algunos países en la región”.

“Por ejemplo, la longevidad en México se ha mantenido igual debido al aumento de la violencia y las tasas de homicidio, fenómeno que se ha replicado en Honduras, Centroamérica, Venezuela y algunos países del Cono Sur”, afirman.

Según algunos estudios, América Latina es una de las regiones más violentas del mundo, con cuatro de las tasas más altas de la región en Centroamérica. (Banco Mundial 2022).

El factor climático

Además de la violencia, otros factores de riesgo que están incidiendo directamente en la salud de los latinoamericanos son el cambio climático, la aparición de enfermedades zoonóticas (que pueden pasar de los animales a los seres humanos y que, como la COVID-19, pueden convertirse en pandemias), las desigualdades en los sistemas de salud y los altos flujos migratorios, dice el análisis de Insurance Medicine.

  • De acuerdo a un estudio publicado a inicios de este año en Frontiers of Public Health, en América Latina y el Caribe viven alrededor de 14,7 millones de migrantes, la mayor parte (10,9 millones) en Sudamérica, de los cuales 7,1 millones son venezolanos.
  • En los efectos del cambio climático en la salud, los autores del análisis no solo incluyen los directamente relacionados con eventos catastróficos, sino también “aquellos relacionados con un aumento de la morbilidad y la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y pulmonares, cambios en patrones de enfermedades transmitidas por vectores, enfermedades transmitidas por el agua, desnutrición u otras enfermedades relacionadas con la nutrición”.

“La inclusión del cambio climático y la migración como determinantes del estado de salud es un elemento altamente positivo y (…) ha venido movilizando a gobiernos y otros actores para su enfrentamiento”.

Reinaldo Guimarães, vicepresidente de la Asociación Brasilera de Salud Colectiva
Luis Jorge Hernández, profesor asociado y director de investigaciones de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes (Colombia), quien no participó de la investigación, coincide con los autores en que en América Latina hay un fenómeno de transición demográfica avanzada sobre todo en centros urbanos.

Sin embargo, agrega, esto no se ha acompañado de una transición epidemiológica, “es decir, siguen coexistiendo casi por igual las cargas de enfermedad por enfermedades crónicas con transmisibles, las transmisibles y el complejo trauma violencia”.

  • El investigador resalta otra característica que está ocurriendo en la región: “aumenta la expectativa de vida, pero las personas se están enfermando en forma más temprana en la adultez joven o en personas menores de 65 años”.
  • Por su parte, Reinaldo Guimarães, vicepresidente de la Asociación Brasilera de Salud Colectiva, afirma que el estudio en su conjunto ofrece un buen panorama de los determinantes de la situación de salud de las poblaciones de América Latina y el Caribe.

Sin embargo, reconoce, la investigación “no ofrece aportes originales sobre estos determinantes ni aborda con mayor profundidad las formas de enfrentar los desafíos que señala”.

“Entiendo que la inclusión del cambio climático y la migración como determinantes del estado de salud es un elemento altamente positivo y, entre todo el conjunto de determinantes que aborda es uno que, por su ‘novedad’, ha venido movilizando a gobiernos y otros actores para su enfrentamiento”, afirma.

“Creo que los desafíos del cambio climático y la migración dependen solo muy parcialmente de los sistemas de salud. Estos tendrán que prepararse para afrontar las consecuencias de estos fenómenos. Para ello, las recomendaciones se refieren a mejoras generales de los sistemas de salud, con miras a universalizarlos, garantizando la búsqueda de mayor cobertura y equidad”, puntualiza Guimarães. /PUNTOporPUNTO

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